viernes, 7 de junio de 2019

¿Por qué creerle?


Hace tiempo que un personaje político no era tan operado, como lo fue en estas dos semanas Sergio Massa, por la prensa hegemónica.

“Que se va a reunir con María Eugenia Vidal”; “Esta todo cerrado, para un acuerdo entre la Gobernadora y Sergio Massa”; “Que ahora no se reúne porque ya cerró con los K”. “Que si, que no, que la parrala”.


Ahora bien, lo rigurosamente cierto debería ser lo dicho por los propios protagonistas, leemos por caso al dubitativo Sergio Massa afirmar en su cuenta de twitter:





Uno quiere creer, porque por naturaleza en ésta profesión se es desconfiado, pero si fuera así como el sostiene, ¿qué lo demora en la toma de decisión?

El mandato de su congreso partidario, lo lleva casi ineludiblemente a reunirse con Alberto Fernández; porque, por caso, muchos de sus hombres, léase dirigentes destacados e intendentes, ya han dado muestra de juntarse en ese gran frente electoral que proponen el Partido Justicialista y unidad ciudadana.

Hace unos días se conocieron declaraciones de los intendentes massistas Javier Osuna de Las Heras y Germán Di Césare de Miramar, quienes sostienen la necesidad de cerrar filas con el peronismo. Es más, desde el propio PJ acreditan esos acercamientos. Otro que hizo pública su adhesión es el actual presidente del Club Lanus y referente del massismo en esa localidad, Nicolás Russo, quien se reunió, nada menos, que con el intendente de Avellaneda, Jorge Ferraresi.




Incluso, uno de los dirigentes importantes que lo llevaran a Sergio al territorio de La Matanza, ahora “opera” junto a Felipe Sola, el actual diputado nacional Fernando Asencio. De hecho, estuvo presente días atrás en el lanzamiento de la candidatura de Fernando Espinoza a intendente, ocupando un lugar de privilegio en el escenario.


Foto de Tony Freire


Atento a los dimes y diretes, la única opción que queda para entender la demora en tomar una decisión, podría ser la intransigencia de quien lo hiciera lagrimear en el congreso del FR: la diputada Graciela Camaño.


Ella, junto a sus pares Cecilia Moreau y Mirta Tundis, se oponen fervientemente a cualquier acuerdo con el kirchnerismo.


Por supuesto, que estas posiciones, alcanzan para explicar la indefinición de Sergio Massa, quien intenta parar la sangría en sus filas, entre aquellos que quieren mantener su independencia o acordar con uno u otro sector de la grieta.


Sin embargo, la definición del Congreso del Frente Renovador, lo obliga a mantener distancia de Cambiemos y a orientarse rumbo a un gran armado opositor.


Pero, si a pesar de esto último, finalmente termina cerrando con el oficialismo, añadiendo la boleta de Vidal a la suya, entonces, perdería credibilidad y lo que él mismo caracterizó como operaciones, cuestionando incluso a funcionarios del Gobierno a quienes mandó a trabajar por el país, terminaría confirmándose en los hechos.


Siguiendo ese razonamiento, él debería evaluar el costo que sufrirá, tras haber afirmado lo afirmado, mostrándose como un exponente opositor al Gobierno.

En ese caso, tendrá que hacer uso de su costado más histriónico, pero aun así, se las vería en figurillas para explicar lo inexplicable, sin sufrir mella en su figura. Y a futuro, y la política es presente, pero en el caso del personaje en cuestión, también es futuro, o al menos, eso dicen sus allegados, cabría preguntarse si es bueno rifar su credibilidad.


De hecho, sectores más críticos que han estado a su lado, teniendo en cuenta el pasado reciente, señalan: "¿Por qué darle una oportunidad luego de tres años y medio de indefiniciones frente a uno de los peores gobiernos de la historia? ¿Por qué creerle?"


jueves, 28 de marzo de 2019

La economía es decisiva

Resultado de imagen para estado de bienestarEn las próximas elecciones de octubre, nos jugamos nuestro destino, parafraseando a Garcia Linera, podemos decir que, si como gobierno, queremos ser un gobierno progresista, si no logramos que haya satisfactores básicos, no contará ningún discurso; Porque el discurso puede ser eficaz, puede crear expectativas positivas para un colectivo, pero se necesita una base material de satisfacción de mínimas condiciones necesarias, si no logramos o no damos esas condiciones, cualquier discurso, por muy seductor, por muy esperanzador, se diluirá ante la base económica.
Ya podemos afirmar que no puede haber ningún tipo de política económica que deje de lado lo popular. Al sector empresarial se lo podrá neutralizar, pero debemos entender que jamás estará de nuestro lado, y esa neutralización la podremos concretar si notan que lo popular es fuerte y está movilizado, y aquí siempre surge la contradicción con la izquierda más izquierda: los gobiernos progresistas nunca van a fondo: se puede sacar un decreto que diga acabar con el mercado, sin embargo el mercado seguirá existiendo, y eso es lo que nunca entienden.
No quedan dudas que la época dorada (gobiernos de Bachelet, Correa, Evo, Lugo, Chavez, Lula y los Kirchner) significó un empoderamiento de los trabajadores, de los campesinos, obreros y jóvenes, pero, ese poder político no fue duradero, porque no fue acompañado de un verdadero poder económico de los sectores populares.
Crear capacidad económica, crear capacidad asociativo productiva de los sectores subalternos, es la clave que decidirá a futuro la posibilidad de superar el post neoliberalismo, por eso, para no cometer los errores del pasado, es necesario recrear una clase media, una nueva clase media, con capacidad de consumo, con capacidad de satisfacción. Si ello ya lo hicimos podrá colegir el lector, claro que sí, pero cometimos un error: no vislumbrar el viejo sentido común conservador que portaba esa clase media. No hicimos un avance cultural que reconvirtiera ese sentido. Y ahí fue cuando la derecha tomo la iniciativa. A través de medios de comunicación, del control de Fundaciones, de editoriales, de redes sociales, en definitiva a través del conjunto de formas de constitución del sentido común contemporáneo. El gran Emir Sader, suele decir que ellos –por la derecha- no tienen alternativa, no son portadores de un proyecto de superación de los nuestro. Ellos son restauradores, ellos no representan el futuro, ellos son zombies, muertos vivientes electoralmente.
A contra punto, nosotros somos el futuro, la esperanza. Durante la época dorada, nuestro gobierno nacional se ocupó del núcleo duro. Se ocupó de recuperar lo básico que se había perdido: el jubilado que no tenía aportes, se jubiló. La madre soltera tuvo la AUH, el trabajador desocupado las cooperativas de trabajo, los pibes accedieron a la PC, los más grandes que tuvieron que salir a laburar contaron con el Progresar y muchos accedieron a su vivienda con el Procrear. Nuestro gobierno nacional estuvo ahí. Los volvió seres con derecho, sucediendo lo que describíamos más arriba: se volvieron “clase media”, se volvieron “conservadores”, y entonces van por más. Y ahí está el nudo gordiano de nuestro error.
Cuando el Estado Nacional estuvo ahí para resolver el núcleo duro, los gobiernos provinciales y municipales no acompañaron ese segundo reclamo que iba a venir, porque ellos debían haber garantizado: seguridad, un espacio público adecuado, un mantenimiento y mejoramiento de los servicios e incluso, dónde no los hubiera, llevarlos: agua, cloacas, asfalto, iluminación, salas de salud de primer nivel, una policía profesional y de cercanía. Y ahí, con excepciones, siempre hay excepciones, fracasamos. Sumemos que paralelamente, desatendimos otro factor, contener a una gran masa que ya tenía todo eso. Para ellos no creamos condiciones de superación, no creamos un tipo de economía para jóvenes, para estudiantes, para profesionales, para vecinos, que no eran parte del núcleo duro a salvar, amén de que no es que les haya ido mal, y como diría Baldomero Fernández Moreno: entre los recienvenidos y los venidos, el conservadurismo se impuso por sobre el bienestar.

Rafael Correa, hace unos días, tratando de explicar por qué los “recienvenidos y los venidos” terminaron votando a la derecha, explicaba el “Síndrome Doña Florinda”: Ahí está Doña Florinda, que en cuanto pudo asomar la nariz un poco más que sus vecinos, pasó a denominarlos ‘chusma’, es la misma que maltrata al pobre obrero Don Ramón, que protege a su engreído y mal criado hijo Kiko, y que termina apañando al amable capitalista Sr. Barriga.

Como conclusión, rescatemos lo que hicimos bien, el “ahora”, nos va a enfrentar seguramente a una situación similar, el gobierno actual dejará un tendal, un núcleo duro que rescatar nuevamente. Esperemos que el resto de los implicados en políticas públicas, estén a la altura y esta vez sí, acompañen lo nacional. Alberto Balestrini me dijo una vez: ‘es tan importante que una ambulancia pueda entrar a un barrio en los kilómetros, cómo levantar la basura en los grandes centros urbanos, ahí radica la capacidad del político para realizar ambas cosas’ Ese es el desafío.