domingo, 14 de abril de 2013

"Liberal y gorila", pero que pedazo de "periodista". A 35 de su partida

Dijo sobre él, en oportunidad de un nuevo aniversario de su muerte, allá por el 2008, Hugo Presman.



"Murió en silencio, en un país silenciado. El terrorismo de estado de la dictadura criminal se encaminaba hacia los fastos del campeonato mundial de fútbol al cual Dante se había opuesto solitariamente considerándolo un despilfarro. Fue el 14 de abril de 1978, hace hoy tres décadas. Pocos lo acompañaron en su entierro. Pocos fueron los que lo defendieron. Crítico implacable, polemista durísimo, honesto hasta la exacerbación, dividió al periodismo deportivo en un antes y un después. La Revista Dislocada, creada por Delfor tenía un imitador suyo que decía irónicamente: “Ayer ví ocho partidos. Todos mal. Los jugadores mal. El árbitro mal. Hasta los vendedores de panchos desubicados”

Hace treinta años moría Dante Panzeri. El que empezó haciendo críticas de ciclismo y natación en El Gráfico. El que cuando pasó al fútbol y llegó a director cambió la forma de ver y comentar (criticar un partido). Lo acompañaron por un tiempo José Gabriel González Peña (el padre del actor Fernando Peña) el ex futbolista Ernesto Lazzatti, y Osvaldo Ardizzone que hasta entonces era un empleado administrativo. El iniciador había sido Pepe Peña, pero carecía de la persistencia y la honestidad intelectual inclaudicable de Dante.

El comentario fue reemplazado por la crítica. Se alejaron los lugares comunes de las crónicas (en caso de empate en cero se decía “las defensas superaron a los ataques”), la mera descripción de las jugadas con los correspondientes minutos, por un análisis de la distribución de los jugadores en el campo. Se observaba la triangulación, los relevos, los desbordes. Se ponía bajo la lupa el comportamiento de cada jugador.

El lenguaje se sofisticaba y se podían encontrar frases como: “Tal jugador no satura la plaza conforme a la planificación del sistema”. El bisturí crítico alcanzaba al partido y toda la organización del fútbol argentino.

Panzeri fue liberal y gorila. Pero por esas contradicciones, un entredicho con Álvaro Alsogaray cuando este era ministro, llevó a que renunciara, y la Editorial Atlántida a desprenderse alegremente de su director que había cambiado sorprendentemente la revista con muy malos resultados comerciales.

Ese domingo, River le ganó a Boca 3 a 1 con un gol de Delem a Errea desde 35 metros. En la revancha, River perdió el campeonato con el famoso penal que Roma le atajó a Delem. Era el año 1962, con el gobierno de Guido, y el país sacudido por los enfrentamientos entre azules y colorados, en un contexto caracterizado por la proscripción del peronismo.

Panzeri afirmaba: “No escribo donde quiero, pero nunca escribo lo que no quiero”. Pasó por La Opinión, Satiricón, la revista Así, la de mayor circulación en ese momento, donde sus extensos análisis críticos, desentonaban con la sangre de truculentos hechos policiales. Hizo radio como comentarista de Raúl Peire en radio Porteña y luego de Juan Carlos Rousselot en Radio Colonia y de un joven relator suplente llamado Víctor Hugo Morales. En algún momento se turnaba en la radio de Héctor García con Enzo Ardigó, después de la separación de este de José María Muñoz. Justamente, Panzeri concentraba sus ácidas adjetivaciones al periodismo concesivo y genuflexo con la denominación de los "muñoces y ardigoces".

Años antes había hecho por Radio Belgrano y luego por televisión un programa emblemático bajo el título de “Fútbol al centímetro” con Pepe Peña y Adolfo Pedernera.

Exaltó al jugador talentoso. Alguna vez hizo una selección colocando a un puntero derecho de Boca Herminio “Pierino” González en todos los puestos. Propagandista de Martín Pando, de Oscar “Coco” Rossi, de Alfredo Distéfano, de José Manuel Moreno, de Néstor “Pipo” Rossi, de Cesar Luís Menotti. A este último, el día que debutó en la selección en un partido con Uruguay que Argentina ganó 3 a 0, colocó en la primera página de El Gráfico, su foto con la leyenda “Que no se apague esta luz”.

Disminuyó hasta la exageración la creciente importancia del entrenador que ya pasaba a denominarse director técnico. Fue un admirador empedernido de Carlos Peucelle, como gran observador y descubridor de talentos. Le atribuía el mérito de haber logrado ubicar en el lugar donde más rendía, a cada jugador de la famosa máquina riverplatense. Adversario durísimo de Alberto J Armando, el presidente de Boca, con el que se conocía desde el San Francisco cordobés donde se habían cruzado en su juventud. Deshacía con innumerables argumentos la epidemia importadora que asoló a nuestro fútbol, bajo la denominación de "fútbol – espectáculo", después del calificado desastre de Suecia, campeonato del mundo que nuestro país fue a ganarlo y perdió dos partidos de tres. Fue eliminado en primera vuelta, después de una histórica goleada en contra con Checoslovaquia.

Defendió a Amadeo Carrizo, considerado el gran responsable del fracaso, proclamándolo correctamente el más grande arquero argentino de todos los tiempos.

Dijo que nunca se iba a poder hacer la ciudad deportiva de Boca y como en tantas otras cosas acertó. En El Gráfico decidió que la foto de los equipos debía realizarse sólo con los jugadores. En caso contrario no las publicaba.

Calificó al Estudiantes reiteradamente campeón, que hizo un culto del resultado obtenido de cualquier manera como “una asociación lícita para la obtención de resultados ilícitos”

Debajo del escritorio de las muchas redacciones por las que pasó había un cartel que decía: “Un periodista no tiene amigos”

Su compañero Ampelio Liberali en su libro Dante Panzeri Entretelones dice: 

“La admiración de Panzeri por los buenos jugadores se traduce, con absoluta claridad en un comentario publicado en el diario La Opinión, el 15 de abril de 1978, acompañando la nota de su deceso, ocurrido un día antes. En ese homenaje de La Opinión,se reproduce la nota de Panzeri, publicado el 8 de abril de 1976, es decir dos años antes. Y se refiere a un jugador uruguayo de quién fue un sereno admirador: Walter Gómez. Decía el título: "La más grande ovación argentina a un extranjero fue para un niño” Fue el 15 de agosto de 1945 donde ese botija de 17 años, vistiendo la celeste, maravilló al público, a pesar que su equipo sufriera una aplastante derrota.

El periodista Pablo Llonto sostiene en “La breve fama de un tal Dante”: “Pero Panzeri además, trataba de vivir como pensaba. Por eso su periodismo buscó escapar a las adulaciones…, puso fervor en las investigaciones y dijo lo que nadie se atrevía. La metodología de Panzeri fue la crítica profunda.”Otro periodista Osvaldo Alfredo Whebe escribe:“Panzeri jamás navegó en la superficie, siempre fue al fondo de la cuestión…..investigó, analizó, pronosticó y elaboró hasta la médula, sin pelos en el lápiz, sin miedos y con una agudeza excepcional lo que sucedía en nuestro deporte diariamente.” Durante muchos años su columna en El Gráfico, “El hecho y el comentario” levantaba polvaredas. Nunca decía algo que no pudiera demostrar. En muchas ocasiones sufrió agresiones en las canchas. ¿Como pueden hablar de periodismo honesto, se preguntaba, los periodistas de automovilismo que de semana a semana aceptan a sabiendas de su escasa dosis de ética regalías de Ford o Chevrolet o empleos disimulados de Mercedes Benz?……Razón por lo que dejo de ser socio del Círculo de Periodistas deportivos”

Afirmaba: “La libertad de prensa es para los cinco dueños de los grandes diarios o las grandes editoriales, pero nada que ver con el público o con el periodista”

Solía decir: “El fútbol es la muestra gratis del país”

Denunció que “ Los representantes del hipismo argentino viajan en primera y los ciclistas y los atletas en tercera”. Se refería a los juegos olímpicos de Munich. El coronel Cilley Hernández, Director de deportes del general Alejandro Lanusse lo retó a duelo. Panzeri le contestó a los padrinos: “Dígale al coronel que elegí armas: los puños. Y que el duelo lo haremos en el Luna Park con público, cobro de entradas y lo recaudado para ALPI y así ayudamos a combatir enfermedades” No hubo duelo.

Reivindicó el papel fundamental del archivo en la tarea del periodista. Ese instrumento fue en manos de Dante un adelanto que muchos años después la televisión lo aplicó en TVR.

Escribió en 1967 “Fútbol: dinámica de lo impensado” cuyo título es la definición más certera que puede darse cuando este deporte es bien jugado. Años después publicó: “Burguesía y gangsterismo en el deporte”. En el primero de los libros mencionados afirma antes de empezar el primer capítulo: “Este libro no sirve para jugar al fútbol. Sirve para saber que, para jugar al fútbol no sirven los libros. Sirven solamente los jugadores…y a veces ni ellos, si las circunstancias no los ayudan” Luego en las primeras líneas continúa: “Para “ver mejor” un partido de fútbol ….relativamente. Acaso sirva para no ver el fútbol como se lo está mirando” Cultor del juego como alegría contra la creciente tendencia que luego se impuso como exclusivamente un trabajo. Sostenía: “No puede haber una manera de ver un partido de fútbol.” Y cita más adelante a su compañero Ernesto Lazzatti: “El que acude a ver a un equipo, va a verlo ganar. El que va a seguir un partido va a ver jugar” Afirmaba: “Los efectos de la “revolución industrial” en el fútbol se presentan por: a) El desmesurado dinero en juego b) La deshumanización – desafectividad del jugador con el juego y la divisa. c) La sustitución de lo improvisado, que suele ser confundida como genialidad, por la obediencia sistematizada y tediosa de lo previsto con sentido de “productividad”, que no arroja una mejor producción de espectáculo, ni efectividad futbolística. d) La prevalencia de un jugador egoísta-angustiado y la progresiva extinción del jugador altruista-despreocupado. e) El reemplazo del ídolo nacido, por el ídolo inventado por el enorme aparato promocional-publicitario, partícipe de la industrialización del espectáculo f) La avasallante mistificación que intenta situar a la ciencia y a la tecnología como factor rector de una actividad forzosamente regida por la espontaneidad, siendo que se trata de una contienda de oposición directa, donde el previsionismo es tan relativo como lo espontáneo en la ciencia de las cosas mecanizadas.”

Es posible que Panzeri llevara sus argumentaciones a un extremo que los volviera parcialmente rebatibles.

Panzeri fue liberal, gorila y anticomunista. Sin embargo cuando acompañó a la selección argentina en 1961, en una gira europea que concluyó en Moscú, escribió en El Gráfico una semblanza equilibrada de su visión del régimen soviético.

Su último trabajo fue como jefe de deportes del diario La Prensa. Ahí tuvo de colaboradores a un grupo que luego lanzó la revista Humor como el que luego fue su director Andrés Cascioli. Escribe Ampelio Liberali: “Cabe agregar que otras de las condiciones básicas exigidas por Panzeri para aceptar la propuesta fue la de poner en claro que si se quería despedir a cualquier periodista de la sección Deportes había que hacerlo antes de que el asumiera el cargo porque no tenía interés en ser el verdugo de nadie.” “Una vez en mi función no se despedirá a un solo periodista, si sirve trabajará, si no sirve no trabajará y punto pero yo no autorizaré ningún despido”

Desde ahí levantó una trinchera contra la realización del Mundial 1978. Una anécdota ilustrativa está consignada en el libro de Liberali citado. “Carlos Alberto Lacoste, vicepresidente del EAM 78, decidió citar a Panzeri para que concurriera a su despacho. Panzeri, por supuesto, no fue: “Jamás visité un despacho oficial y menos voy a ir ahora” fue su respuesta. “Entonces lo invito a que venga a mi casa -insistió Lacoste- y si acepta ponga Ud. la fecha y lo esperaré”. Panzeri lo meditó y por fin decidió concurrir al piso de Lacoste en la calle José Hernández casi Cabildo, del barrio de Belgrano. Lo que sucedió allí lo contó el propio Carlos Alberto Lacoste. “Panzeri llegó a las 9 y media con dos enormes carpetas y nos pusimos a charlar sobre el Mundial. El expuso sus puntos de vista opuestos a los míos y yo traté de hacerle ver que estaba equivocado. Se retiró casi pasadas las 2 de la mañana. Resultado: no lo pude convencer acerca de la conveniencia de organizar el Mundial, pero Panzeri casi convenció a mi esposa de la conveniencia de no organizarlo. De todas maneras -terminó diciendo Lacoste- la realización del mundial es una decisión política. Y ya está tomada” Concluye la cita Liberali: “Este es el Panzeri que yo conocí. Y que yo admiré. Pero tanto lo atacaron, con tanta bajeza, con tanta ruindad, con tanta ponzoña, tan canallescamente, que su salud corporal, no la mental, se fue resquebrajando hasta enfermarlo de gravedad. Primero pidió licencia, y poco después se alejó definitivamente de La Prensa.

Hace treinta años moría Panzeri cuando apenas tenía 57 años. El hombre que fue un clivaje en el periodismo deportivo. Fue enterrado al día siguiente en la Chacarita. Ahí estaban un puñado de amigos: su mujer, sus dos hijos, Carlos Peucelle, Ernesto Lazzatti, Adolfo Pedernera, Néstor Rossi, Ernesto Duchini, sus colaboradores en La Prensa, y muy pocos periodistas, cuatro o cinco.

Hoy hay un puñado de periodistas que con mayor o menor coherencia recogen su legado. Entre otros, Jorge Listosella, Pablo Llonto, Gustavo Veiga, Norberto Verea, Ezequiel Fernández Moores, José Luis Ponsico, Ariel Scher. Este último escribió en Clarín del 10 de abril: “Su aporte extraordinario consistió en asumir que el deporte modelaba un campo en el que había relaciones de poder y en el que crecían negocios no siempre legítimos. Y que contar eso era tan esencial como contar un gol …..Panzeri fue certero, fue severo y fue audaz. No es necesario coincidir con todos sus puntos de vista para recordarlo como un hombre valioso y emocionante. Decía que la protesta representaba su recurso para defender al deporte de quienes lo destruían. Y decía, además, que lo hacía agradecido porque el deporte le había enseñado unas cuantas cosas. Lo que es la dignidad, por ejemplo. Se ve que aprendió bien. Su pelea, su vida y su memoria, son una tierna lección de dignidad”

Dante Panzeri murió hace treinta años, cuando apenas tenía 57 años. El autor de esta nota, hoy tiene más años que los que tenía Panzeri al morir. Y no puede dejar de recordar, emocionado, la espera ansiosa de El Gráfico de Panzeri, como una entrada al hábito de lecturas más profundas. Que le enseñó a ver y no solo mirar un partido de fútbol. Y que su espíritu crítico le llevó al deseo de ser periodista, cosa que concretó muchos años después, luego de haber transitado por distintas actividades, por la militancia política y la cátedra universitaria.

Escribo estas líneas aclarando que estuve y estoy, en las antípodas del pensamiento político que expuso Panzeri, lo cual no es óbice para reconocer sus enormes aportes.

Hoy muchos lo invocan y pocos, muy pocos, lo siguen en otro contexto, en tiempos diferentes.

No escribió la Divina Comedia como su tocayo. Pero fue el que más hizo para echar luz sobre la comedia mucha veces grotesca que rodea al deporte. Será seguramente por eso y por su honestidad de asceta, que Dante Panzeri está en el paraíso de los mejores periodistas que dio nuestro país". 

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