miércoles, 12 de diciembre de 2012

Marita Verón


 
 

El hombre detrás de las sospechas de corrupción en la causa Marita Verón

Cosecha Roja.-

La lectura de la sentencia se demoró más de cuatro horas. Después de diez años de búsqueda y un juicio que duró diez meses, Susana Trimarco escuchó en voz de la secretaria del Tribunal el fallo que absolvió a los trece acusados del secuestro y explotación sexual de su hija, María de los Ángeles Verón, desaparecida desde 2002.

La sentencia lleva la firma de los jueces Alberto Piedrabuena, Emilio Herrera Molina y Eduardo Romero Lascano. Una hora más tarde, Trimarco dio una conferencia de prensa:

-Fue un acto de corrupción, una estafa- dijo-. Es una vergüenza para todo el país.

Después habló con algunos noticieros y le puso nombre y apellido a las acusaciones:

-Estos tres jueces estafadores son una vergüenza. No voy a parar hasta que haya juicio político.

La secretaria encargada de la lectura del fallo explicó que “no fue una decisión tomada entre gallos y medianoche” y que las “pruebas fueron muy contradictorias”. Para la madre de Marita Verón, nada de eso es cierto.

Durante la etapa de alegatos, Susana recibió una carta anónima. La persona que la enviaba decía ser funcionario del Poder Judicial de Tucumán y advertía a Susana que la Chancha Ale, exmarido de una de las imputadas, estaba intentando sobornar a miembros de la Justicia. Susana le mostró la carta al presidente del Tribunal y este le restó importancia. La madre de Marita se quedó conforme.

Después de conocer la sentencia, la denuncia anónima recobró fuerza. “No nos queda otra cosa que decir que la carta no mentía”, dijo a Cosecha Roja el abogado de Susana Trimarco, Carlos Varela Álvarez. “La mafia logró hacer cambiar el rumbo de las cosas. Está claro que hay un poder mafioso que influyó en la decisión de los jueces”, agregó.

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En San Miguel de Tucumán todos conocen a la Chancha. La Chancha es Rubén Ale, un hombre con fuertes vínculos con el mundo del fútbol y la política provincial, acusado de formar parte de redes de prostitución y narcotráfico. Como empresario, llegó a manejar una flota de más de 600 remises.

Durante los ’80, la Chancha comandaba la barrabrava de San Martín de Tucumán con su hermano Ángel, alias el Mono. En esos años, los líderes de “La banda de los Ale”, como se los conocía en la tribuna del club, fueron absueltos en varias causas por amenazas, lesiones en banda y asociación ilícita. También eludieron una condena por el asesinato de dos miembros de Los Gardelitos, el grupo con el que se disputaban la conducción de la barra. No era la primera vez que la Chancha pasaba por los Tribunales. Había pasado cuatro años preso luego de ser condenado a nueve por un intento de homicidio.

En la década siguiente, el empresario de los remises intentó meterse de lleno en el mundo de la política. A partir de sus vínculos con el menemismo, se presentó dos veces como candidato: una como concejal y otra como legislador. La Chancha se convirtió en el ahijado político del entonces vicegobernador Fernando Juri. Su flota de remises, puesta al servicio del poder político, funcionaba como una enorme red de control territorial.

En el 2002, en plena crisis post-convertibilidad, la Chancha ofreció hacerse cargo del plantel de San Martín: formó la empresa Gerenciadora del NOA y quedó a cargo de la conducción futbolística del club; prometió aportar enormes sumas de dinero y llevar jugadores de alto nivel. En cinco temporadas, el equipo logró cuatro ascensos. Pasó de competir en una liga regional a jugar en primera. En 2008, la Chancha encabezó la lista única que se presentó a elecciones y se convirtió en el presidente del club.

Desde el nuevo cargo, la Chancha utilizó a la barra para conformar una fuerza de choque. Para muchos, el club sólo fue una fachada para sus negocios oscuros.

Jorge Lobo Aragón es abogado. En su paso por el Poder Judicial fue secretario de la Corte Suprema, fiscal y juez de Instrucción. Durante los primeros años de la década pasada, llevó adelante la etapa de instrucción del Caso Salinas, en el que los hermanos Ale y el padre de ellos fueron acusados de homicidio agravado y tráfico de armas.

“En esa época yo estaba amenazado de muerte. Les dicté la prisión preventiva desde un hotel afuera de San Miguel, rodeado de policías”, contó Lobo Aragón a Cosecha Roja. El Mono y la Chancha Ale estuvieron dos años en la cárcel de Villa Urquiza. Al padre, que tenía problemas cardíacos, le dieron prisión domiciliaria. En el juicio oral, todos los acusados fueron absueltos.

“Les encontraron un automóvil lleno de granadas, ametralladoras, una Itaca. Tenían un arsenal en el auto del padre. Estaba absolutamente demostrado que eran autores del ilícito”, dijo el abogado. Y agregó: “no los condenaron por miedo. Los jueces tienen pánico”.

Para Lobo Aragón, los hermanos Ale siguen gozando de la protección judicial. Actualmente, lleva adelante cinco causas que tienen como acusados al Mono y a la Chancha. “Todas tienen requerimiento de elevación a juicio pero ninguna fue elevada al debate oral”, explicó. Desde que se iniciaron estas causas, Lobo Aragón recibió varias amenazas de bomba y su estudio fue tiroteado en tres oportunidades. El abogado acusó penalmente a los Ale por estos hechos: “Están en distintas fiscalías sin ningún tipo de resolución”, contó

Ayer, durante la lectura de la sentencia, la Chancha Ale no estuvo sentado en el banquillo. La exmujer de la Chancha, Daniela Milheim, llegó al juicio oral acusada de haber retenido en su casa de Yerba Buena a Marita. La fiscalía había pedido una pena de 25 años. Durante el juicio, ella acusó a su ex marido de obligarla a ejercer la prostitución. Susana Trimarco lo señaló como uno de los responsables del secuestro de su hija. Pero La Chancha, una vez más, logró eludir a la Justicia
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