lunes, 17 de septiembre de 2012

Marcha opositora.Reflexión de NEC

Me importa una infinita cantidad de
carajos tener el más mínimo grado de
 consenso con esta gente. E. Aliverti

Continúan y continuaran los análisis sobre la marcha del pasado jueves. Al respecto, esta entrada, abre con una de las frases de Eduardo Aliverti de su columna de opinión del sábado en el programa Marca de radio. Suele pasarme -como a muchos- que encuentro en las lecturas de blogs -rara vez en los grandes medios- reflexiones que representan cabalmente mi pensamiento, por eso, para que no anden paseando de página en página les presento un compendió de lo que creo son las mejores visiones sobre el caso.

La primera, tiene que ver con partir de la base que el principal problema lo tiene la "oposición" -en términos de representatividad- y no el gobierno. Es evidente que la gente que ha salido a las calles -dejando de lado las minorías recalcitrantes, despóticas y gorilas- no encuentra un canal de representación, por esa razón, la protagonista sigue siendo Cristina: único factor de poder cierto, y aunque mal que les pese, la que tiene la posibilidad de torcer el rumbo. Así planteado el escenario, Nicolas aconseja que debería hacer la oposición para sacar rédito de esta gente:

- Una es la de la Alianza del 97 en adelante. Respetó el "clima de época", hay cosas que no se tocan, marcó diferencias marginales. Mis planteos los hago aparecer como centrales y muy relevantes, pero son marginales. "La convertibilidad no se toca". Me posiciono así y acumulo desde ahí. Pienso, igual, que estos sectores "muy enojados" o los dirigentes "muy opositores" no están en ésa. Quizás Binner quiera posicionarse en ese "centro del clima de época". Quizás el compañero Scioli o algún otro peronista quiera hacerlo en algún momento, no lo sabemos. 
- La otra estrategia posible es la de "ruptura" con el clima de época. Es decir, muy queridos míos: decidirse a ser de centroderecha sin ningún tipo de vergüencita, lo cual, en la argentina de hoy no te sirve para ganar, pero sí te tiene que servir para acumular un núcleo de votos que, me parece, puede ir del 20 al 30 si lo hacés bien. O sea: esto implica, por ejemplo, dejar de lado las dos consignas principales que quieren mostrar hoy, que son "no a la re-reelección" y "contra la inseguridad", que son consignas "de centro". Y en lugar de eso animarse a expresar lo que muchos quieren expresar. 
¿Y qué es? Una agenda neta de centro derecha:

Que quieren dólares, 
que no quieren controles del Estado, 
que no quieren empresas del Estado, 
que no están de acuerdo con la no represión de la protesta social, 
que no están de acuerdo con una política de seguridad que no hace centro en lo represivo, que no están de acuerdo con la Asignación Universal por Hijo, 
que no están de acuerdo con los nuevos jubilados de la moratoria previsional, 
que no están de acuerdo con que los salarios en la Argentina sea costosos de pagar, 
que no están de acuerdo con que los alumnos de escuelas públicas reciban netbooks a cambio de nada. 

Expresar bien claramente que, a diferencia del 2001, cuando se juntaron con "los de abajo" porque tenían "miedo de caer" ahora a lo que le tienen es miedo a que "los negros" de "abajo" lleguen a subir mucho más.
Una agenda neta y concreta de centro-derecha sin vergüenza. Que no me hable de cosas abstractas. De "países serios" ni de "calidad institucional" ni de "crispación" ni de "diálogo y consenso". Que me hable de dólares, de palos y en contra de financiar vagos.
Insisto. Con eso no van a ganar "de una". Pero pueden volverse contraculturales, acumular una cantidad interesante de votos y agazaparse para cuando el péndulo del clima de época los favorezca.

En segundo lugar, me parece que la interpretación de Abe, va de la mano con o podría ser el final de la opinión anterior. Dice Mendieta que los populistas entendemos que sin conflicto no hay política. Y que sin política no hay democracia. Y que sin democracia no hay posibilidad efectiva de poder popular. Pero, sobre todas las cosas, los populistas saben que la primera condición de existencia es la construcción de mayorías.
Por eso, y tal como lo expresa la teoría –que, como toda teoría no es más que una conceptualización de fenómenos existentes o potencialmente existentes- el “saber populista” consiste en la articulación de demandas sociales diferentes y hasta contradictorias bajo un paraguas que las contiene y las expresa como totalidad: la mentada “cadena de significantes vacíos” viene a construir un zurcido que une lo que no está unido socialmente. Bien. Dicho esto pasemos a la actualidad política.

Las demandas que expresan los sectores de la oposición que protagonizaron el cacerolazo de la semana pasada tienen estas características: son diversas, múltiples y –a veces- hasta contradictorias. Algunos protestan por el dólar, otros por la inseguridad, otros por “los modos”, otros porque creen ver el germen del autoritarismo en sectores del oficialismo, otros porque añoran un modelo liberal, otros por la inflación, etc 

¿Qué los une? -además de la agenda que citaba Nicolas- en principio, una sola cosa: su oposición al gobierno nacional y al proyecto político ideológico que este encarna. Nada más. Ni siquiera los une una pertenencia clasista. Porque, no jodamos, seamos serios entre nosotros, mi vecina que caceroleaba tiene mucho más en común socialmente conmigo que con un cacerolero de La Horqueta, en San Isidro. Y conozco gente de La Horqueta kirchnerista, por cierto. Así que, si bien podemos agruparlos a todos dentro de esa entelequia denominada “clase media”, es de una pereza importante postular que son “todos iguales”. Y nosotros no somos perezosos.

Entonces, lo que no se entiende, es por qué desde el campo del oficialismo se hace todo lo posible por hacer el trabajo que debieran hacer los políticos opositores: unir a los que salieron a protestar. Tratarlos como un todo, no reconocer y operar sobre sus diferencias –atendiendo algunas de sus demandas e ignorando otras-, convocar a supuestas “contramarchas” -esta opción habría quedado descartada en la reunión del vienes pasado en la que participaron las agrupaciones de Unidos y Organizados-, no es más que unir lo que no está unido. Y, aquí el problema, es unir en el campo contrario antes que en el propio. Y eso no es populismo. Eso es un error.

Porque, además, hay quienes creemos que la operación "populista" no es siempre conveniente. Una cosa es en elecciones, otra sin ellas. Una cosa es en situaciones de coyuntural minoría, otra expresando mayorías. De hecho, acá sospechamos que el populismo alla Argentina es conveniente a la hora de construir poder siendo oposición, pero hay que prescribirlo con dosis homeopáticas siendo gobierno.

El kirchnerismo, o al menos un sector importante y hasta conductor de él, parece estar preso de su propia ventaja: la inexistencia de otros actores políticos opositores consistentes y organizados. Entonces tiende a hacer el trabajo propio y el ajeno.


Para cerrar, y apropiándome de las citas anteriores, un concepto final tomado de Aliverti:

No quiero saber absolutamente nada de pacificar relaciones con esta gente. No quiero ni diálogo ni consenso con quienes vociferan “yegua, puta y montonera”. No quiero sentarme a soportar, ni por un solo segundo, a los que quieren para Cristina el final de De la Rúa. Me repugna que salgan a manifestar muchos de los que hace poco más de diez años, canturreaban que entre piquetes y cacerola la lucha era una sola, porque les habían pasado la cuenta de la fiesta de la rata. No quiero saber nada con esa gente que a la primera de cambio apoyaría el golpe militar del que ya no disponen. Quiero tener con ellos una profunda división. Y concentrarme en de cuál manera se garantizaría mejor que se hundan en el fondo de su historia antropológico-nacional, consistente en que el negro de al lado no porte ni siquiera el derecho de mejorar un poquito. Quiero a esa gente cada vez más lejos. Y cuanto más los veo, más seguro estoy.

1 comentario:

Daniel dijo...

Muy bueno lo de Nicolás. Igual, lo único que les aconsejo a esas gentes es que se vayan a la concha de su hermana.