miércoles, 22 de agosto de 2012

40 y 61, MEMORIA

Ya no soy
de aquí: apenas me siento una memoria
de paso. 
Mi confianza se apoya en el profundo desprecio
por este mundo desgraciado. 
Le daré
la vida para que nada siga como está

Paco Urondo


Para los que tenemos algunos años y además, andamos dando vueltas hace rato por la política, la militancia y la historia, hablar y recordar los "hechos" asídenominabalaprensacanalla  de la masacre de Trelew de 1972, es un tema muy sabido. Por eso, en este cuarenta aniversario, resulta oportuno, brindar la mayor cantidad posible de información, para que lo más jóvenes entiendan de que hablamos cuando decimos "Memoria".

Para empezar, una semblanza de Juan Sasturaín, publicada hace algunos años en Pagina 12:

En los meses y en los años siguientes a la Masacre de Trelew –que así quedó para siempre calificado el fusilamiento de prisioneros tras el masivo intento de fuga guerrillera del penal de Rawson en agosto del ‘72– pasaron muchísimas cosas graves, terribles y jubilosas. No sé si me animo a hablar de todo aquello. Me parece que no. Pero además por entonces se publicaron dos libros sobre el tema: La pasión según Trelew, de Tomás Eloy Martínez, y La patria fusilada, de Francisco Urondo. Y de eso tal vez pueda decir algo.
Recuerdo haber leído los dos, pero de La pasión... me acuerdo menos. El de Tomás Eloy era el libro de un escritor trabajando de (impecable) periodista, un reportaje a la perpleja comunidad en que la Historia había anidado ocasionalmente para poner sus huevos de amor y muerte. Lo busqué de apuro y (todavía) no lo encontré. El que sí tengo a mano es el de Paco, un poco baqueteado pero entero. Y de éste sí –lo compruebo al releer penosamente– me acordaba más. Es también el libro de un escritor y periodista. Pero más que nada el de un militante: Paco lo era.
La patria fusilada es un libro chiquito, de algo más de 140 páginas, celeste, con un dibujo a pluma salpicado de sangre en tapa, un hombre arrasado por la descarga. El pie de imprenta de la edición de Crisis señala: “Primera edición, 15 de agosto de 1973, 10.000 ejemplares; 2da., 30 de agosto de 1973, 5000 ejemplares; 3ra. edición –la que yo tengo–, 17 de septiembre de 1973, 5000 ejemplares”. Veinte mil ejemplares en un mes. Qué bárbaro.
¿Y de qué habla? Buena pregunta, porque es un libro conversado, la transcripción, precisa hasta en el registro de la respiración y los cruces, del testimonio de los únicos sobrevivientes de la masacre de aquella madrugada del 22 de agosto en el pasillo de los calabozos de la Base, cuando los marinos tiraron: hablan María Antonia Berger, Alberto Miguel Camps y Ricardo René Haidar, los tres que se salvaron malheridos cuando murieron dieciséis.
¿Cuándo lo contaron? Eso es notable, porque el mismo Paco explica en el arranque las condiciones especiales en que hizo eso que no puede ser considerado un simple reportaje. Fue otra madrugada famosa pero de signo inverso, apenas nueve increíbles meses después, en otra cárcel, la de Villa Devoto: el 24 de mayo de 1973, las vísperas de la asunción del gobierno de Cámpora que liberaría en horas a todos los presos políticos, incluidos los testimoniantes y el entrevistador. En ese contexto, en una celda aislada del júbilo creciente y la expectativa que los rodeaba, esos tres y Urondo –un preso político más por entonces– se sentaron heridos pero oscuramente victoriosos a reconstruir, de una sola sentada de nueve de la noche a tres o cuatro de la mañana, todo el episodio, desde la fuga a la masacre: las circunstancias, el análisis, las sensaciones.
El resultado, con el plus de los dos textos de Gelman que abren y cierran el libro –”Condiciones” y “Glorias”: “oh sangre así caída condúcenos al triunfo”– es absolutamente perturbador. Ya no es como Walsh frente a Livraga quince años antes, hablando con “el fusilado que vive” después de José León Suárez, desayunándose de una historia que le pasaba al lado sin tocarlo todavía. Es Paco Urondo, el poeta que se ha despedido en el memorable “Solicitada” que cierra sus Poemas póstumos del año anterior –”Ya no soy / de aquí: apenas me siento una memoria / de paso. Mi confianza se apoya en el profundo desprecio / por este mundo desgraciado. Le daré / la vida para que nada siga como está”–, el que indaga en las entretelas de sus compañeros, recoge el testimonio minucioso de las sensaciones que –lo sabemos hoy, lo intuía él– le tocarán vivir a plazo fijo. Así, el pequeño librito celeste tiene, con todo, un tono absolutamente positivo (¡qué palabra imbécil!), terriblemente conmovedor en sus convicciones y, por lo tanto, absolutamente intolerable desde este presente de humillación y fracaso.

El excelente sitio El Ortiba, te permite bajar gratuitamente el libro de Paco, en éste link.

Y si tiene ganas, de indagar un poco más, podes entrar ACA 

Pero, como nada es casual, resulta que también un día como hoy, pero de 1951, la compañera Eva Perón, a pesar del clamor de los trabajadores y del pueblo, pronunciaba su histórico discurso desde el edificio de Obras Públicas en ocasión del cabildo abierto organizado por la CGT. 

La liturgia peronista, recuerda el hecho como "el día del renunciamiento". Varias son las versiones acerca del porqué la Señora tomo esa decisión, hay quienes afirman que Perón sucumbió ante la presión de los militares y otros, dan fe de la versión que dice que el gral. le termino confesando que no podía serlo por que tenía cancer. Sea una u otra la verdad del asunto, el hecho es uno de los hitos de la historia argentina del siglo pasado. 

Los hechos se desencadenaron así: la CGT convoca a una concentración en apoyo de la fórmula presidencial Perón-Perón . Nadie sabe si el líder apoya la candatura de su esposa . En la avenida 9 de Julio , una muchedumbre escucha los discursos de Eva y Perón , quienes no mencionan el asunto. Sorpresivamente al final del acto el secretario general de la CGT José Espejo reclama a Evita un respuesta. El pedido es retomado por la multitud, que entabla con ella un diálogo tenso.

En forma cada vez mas perentoria le exige una respuesta que Evita procuta dilatar, finalmente, Eva dice que hará lo que diga el pueblo y para ello pide una semana de plazo para tomar la decisón. La gente abandona la plaza convencida de su aceptación.

Una semana después en un sobrio discurso radial, Eva Perón declina el ofrecimiento . De inmediato, los dirigentes partidarios elogian lo que empieza a denominarse el renunciamiento.




Es el día de la famosa foto de Eva abrazada a Perón con su cabeza recostada en el hombro izquierdo del Gral. rompiendo en llantos.


1 comentario:

EL PIDE dijo...

40 años de Trelew y recién están juzgando al extraditado, Capitan 'Fusilador' Sosa y sus secuaces. Que por la edad de abuelitos buenos no tienen un carajo.
Impensado realmente despues de tanta sangre corrida bajo el puente.