sábado, 18 de agosto de 2012

0800-HUMO

Gracias a Pibe Peronista, me entero de una excelente reflexión acerca de la medida tomada por el ministro de educación porteño, Esteban Bullrich. La misma fue escrita por Bruno Bimbi para Letra P, quien a su vez es un colaborador en un blog de TN, aunque, en este caso, para mi sea lo de menos. Lo que resulto más interesante fue que el propio Bullrich se tomara el tiempo de dejarle un comentario a su escrito. Es un poco largo, pero merece su lectura.

El librito de tapas blancas se titulaba “Conozcamos a nuestro enemigo” y la bibliotecaria de mi secundario —la recuerdo gordita, anarquista y muy macanuda— lo encontró escondido en uno de los estantes más altos. Cuando terminó de leerlo, me lo regaló. A vos te va a encantar, me dijo, y agregó que cuando lo leyera iba a ver cómo los milicos, además de todo lo que ya sabemos, eran brutos.

El librito, editado por el Ministerio de Cultura y Educación de la Nación en 1977 y enviado a todas las escuelas, explicaba cómo detectar el accionar, en el ámbito educativo, de las Bandas de Delincuentes Subversivos Marxistas, a las que, para ahorrar palabras, se refería con la sigla BDSM, hoy más usada en el mundo leather para hacer referencia a los términos bondage, dominación y sado-masoquismo. Los temibles infiltrados del sadomarxismo, según el Ministerio de Educación, operaban en las universidades para entrenar jóvenes subversivos. Empezaban convenciendo a los estudiantes con ideas atractivas, como “mayor presupuesto universitario”, “cursos nocturnos para los que trabajan” y “comedor universitario” y, poco después, cuando veían terreno fértil, pasaban a consignas más avanzadas, como el retiro de la policía de la universidad y “más libertad de expresión”. Cuando el adoctrinamiento ya estaba avanzado, iban por todo. “Una vez que el alumno se encuentra motivado convenientemente con los argumentos esgrimidos, se lo va sacando –poco a poco– del ámbito universitario y se lo utiliza para pegar carteles en la ciudad, colocar artefactos explosivos, hasta convertirlos en verdaderos activistas de alguna de las organizaciones subversivas conocidas”.

De pedir comedor universitario a poner bombas eran dos estaciones de subte. Y el subte funcionaba. Había que detenerlos antes de que fuera tarde.

Pero los temibles sadomarxistas no se conformaban con adoctrinar universitarios subversivos. Insaciables, iban también a los secundarios, a los primarios e inclusive a los jardines. ”El accionar subversivo se desarrolla a través de maestros ideológicamente captados que inciden sobre las mentes de los pequeños alumnos, fomentando el desarrollo de ideas o conductas rebeldes, aptas para la acción que se desarrollará en niveles superiores”, explicaba el librito blanco. Y seguía: “La comunicación se realiza en forma directa, a través de charlas informales y mediante la lectura y comentario de cuentos tendenciosos editados para tal fin. En este sentido, se ha advertido en los últimos tiempos, una notoria ofensiva marxista en el área de la literatura infantil”. Las investigaciones de los inteligentes de la inteligencia del Ministerio habían permitido detectar el mensaje subversivo oculto en las páginas de El principito, del sadomarxista francés Antoine de Saint-Exupéry, y también en el cuento infantil Un elefante ocupa mucho espacio, de la sadomarxista argentina Elsa Borneman, que fueron prohibidos. Inclusive en los libros didácticos destinados a las llamadas ciencias duras, los agentes bondage metían la cola, como en el caso del libro La cuba electrolítica, que fue quemado a tiempo antes de que pudiese ser usado en las clases de Física para difundir las peligrosas ideas de Fidel Castro entre los incautos prepúberes.

“El accionar ideológico se intensifica con la mayor edad de los niños en los últimos años del ciclo primario, tendiente a modificar la escala de valores tradicionales (familia, religión, nacionalidad, tradición, etc.) sembrando el germen para predisponerlos subjetivamente al accionar de captación que se llevará a cabo en los niveles superiores”, explicaba el librito, y advertía la presencia en nuestras escuelas de docentes marxistas, preceptores marxistas y pizarrones marxistas. ¡Hasta la sopa de los comedores era marxista y había que denunciarla a las autoridades!

Por suerte, pronto confirmé que en mi secundario también había sadomarxistas. Para mí hubiese sido una frustración, después de leer el librito que la bibliotecaria me regaló, no encontrarme con ninguno de esos cucos y poder mirarlos de cerca, ver cómo eran, arriesgarme a que me llevaran a poner bombas. Al final, yo también quería más presupuesto universitario y más libertad de expresión y también había leído El principito, que me lo regalaron mis viejos, conocidos delincuentes subversivos marxistas.

Los encontré, claro. Había de varios colores. Franja Morada, el PC, el MST, anarcos. Tenían entre 20 y 30 años y venían a reuniones del centro de estudiantes, o nos esperaban en la puerta de la escuela y nos invitaban a tomar un café en la esquina. Algunos eran profesores o preceptores, como decía el librito. Otros eran hermanos mayores de algunos alumnos, o simplemente amigos. Traían el diario del partido, lo discutíamos. Me acuerdo que al del MST, que en ese momento lideraba el sadomarxista Luis Zamora, yo le discutía párrafo por párrafo, hasta que creo que un día se dio cuenta que no me iba a afiliar nunca, menos hablándome de la importancia de la lucha de los obreros de una fábrica de Yugoslavia contra la burocracia estalinista y el debate ideológico sobre la revolución rusa en el último congreso de la IV internacional. Los del PC estaban peleados: unos con Jorge Pereyra y otros con Patricio Echegaray. Mi abuelo decía que Jorge Pereyra era un “tataranieto de puta”, pero el hijo a mí me caía bien. Los de la Franja Morada eran los más inteligentes, sin dudas, hablaban castellano y conversaban con nosotros sobre temas que nos interesaban y nos afectaban más directamente. Un preceptor infiltrado por el sadomarxismo de la Juventud Radical los ayudaba, y nos reuníamos con un grupo de aprendices de subversivos en el recreo. Peronismo no había, porque en esa época el peronismo era Menem, y Menem era mala palabra.

No hay nada de lo que leo en La Nación que hacen en las escuelas los sadomarxistas de La Cámpora que no lo hayan hecho los de Franja Morada en mi secundario. No soy fan de La Cámpora, para nada. Y tampoco de Franja. Pero no entiendo por qué tanto miedo. Los jóvenes radicales, que estudiaban en la Facultad de Derecho y seguían, todavía, a Raúl Alfonsín, nos enseñaron mucho. Y también los troscos y los comunistas. Nos incentivaron a participar de actividades solidarias, nos ayudaron a estudiar la Ley Federal de Educación y ver cuánto nos perjudicaba, nos llevaron a la primera marcha de la Noche de los Lápices de la que participé, en la columna del MST, aunque no militara con ellos. Franja nos ayudó a armar una agrupación para disputar el centro de estudiantes y nos imprimió afiches para la campaña, pero también nos juntábamos a dibujarlos nosotros mismos en la casa de uno de los preceptores, que era de la Juventud Radical. Y perdimos, y ganamos, y seguimos militando, pero no lograron hacernos radicales. Ellos nos caían bien, pero el radicalismo no, ni sus dirigentes. Al igual que nos caían bien los chicos del PC y los del MST, pero no nos convencía el discurso de sus partidos. Tenían diez o quince años más que nosotros y los veíamos con un poco de admiración. Aprendíamos de ellos. Pero no éramos pelotudos ni ingenuos, y ellos jamás nos trataron como tales.

Eran jóvenes que militaban y creían en lo que estaban haciendo. Nosotros los respetábamos y ellos nos respetaban. Claro que querían afiliarnos y que algún día militáramos con ellos, pero no había engaño. Nunca milité en el PC, ni en el MST, ni en la Juventud Radical, pese a haber ido a sus comités y haber discutido sus periódicos, con los que nunca estaba de acuerdo, por distintas razones. A los 16 años me afilié al Frente Grande, que no tenía ningún joven sadomarxista infiltrado en la escuela. Y hoy creo que gracias a todos esos pibes —y a un profesor de Educación Cívica radical, que ahora es kirchnerista; y a mis viejos, claro, y a otros amigos— me interesé por la política. Aprendí muchísimo de todos esos jóvenes que venían a mi escuela a dedicar su tiempo a algo en lo que creían.

Por eso, ahora que el ministro de Educación del Gobierno de la Ciudad, coherente con la política de la anti-política macrista y con la gestión de la tapa de los diarios, anuncia la creación del 0800-McCarthy para denunciar a los delincuentes subversivos marxistas de La Cámpora que acechan a los alumnos de las escuelas porteñas, quiero rendirle homenaje a esos jóvenes de distintos partidos que tanto me enseñaron y tanto contribuyeron a mi formación política cuando tenía 13, 15 o 17 años.

Muchas gracias, en serio.

Y muchas gracias —ojalá me esté leyendo— a la bibliotecaria de mi secundario, por haberme regalado ese librito que me permite identificar y reconocer el origen de las ideas de los tipos como Esteban Bullrich.

El comentario de Esteba Bullrich:

Gracias Bruno por enviarme el link. Conozco la historia de McCarthy y su estúpida persecusión ideológica por propiedad transitiva, soy un seguidor de Robert Kennedy, y él comenzó su carrera como asesor del Senador McC. Espacio que abandonó por las diferencias que comenzó a tener con el Senador.

Sabés cuál es el ppal causal del McCartismo, el prejuicio. Ese que vos demostrás sobre mí al compararme con el infame Joseph. El 0800, no es para denunciar militancia política que, por el contrario, profeso y promuevo (averiguá y vas a encontrar que por ej. se le dieron escuelas en la ciudad a La Campora para su acción solidaria de pintarlas) sino la utilización de fondos públicos en esa acción. Te invito a que recorramos escuelas en la Ciudad y vas a ver que hoy la visitan dirigentes politicos como lo hacian cuando vos ibas al secundario. Se dan debates y los centros de estudiantes tienen elecciones para elegir autoridades. Si averiguas también vas a saber que fui el ministro que reglamentó la ley de centros de estudiantes para que todas las escuelas los tengan (cosa que no pasaba).

Si averiguas un poco más tambien vas a saber que en toda mi actividad politica siempre fui alguien que promovió el dialogo y el encuentro entre los que piensan diferente. Como diputado, asesor, ministro o dirigente partidario. Creo que eso me enriquece y me hace mejor dirigente. Siempre luché contra los prejucios y lo seguiré haciendo.

Veo por tu texto que sos alguien que piensa y escribe. Me tomé el trabajo de responderlo porque creo que quizas leas esto y pueda generarse un diálogo que permita que la comparacion que haces en tu escrito, absolutamente injusta, se corrija. Aunque sigamos pensando diferente.

Un cordial saludo

Por último la respuesta de Bruno:

Esteban,

En primer lugar, te agradezco tu comentario, y que me hayas avisado por tu Twitter oficial para que supiera que es realmente tuyo.

No estoy de acuerdo con vos en que las consideraciones que hago en este texto partan del prejuicio. Porque, para ser así, el juicio tendría que ser previo a los hechos que son “juzgados” en la nota. Para decirlo de manera simple: si yo hubiese hecho una comparación o una consideración semejante sobre vos cuando asumiste como ministro, sin conocer tu trayectoria y sin darte tiempo a que hagas nada en el cargo, sólo por ser del Pro, eso sería un prejuicio.

Podés preguntarle, por ejemplo, a Paula Bertol, con quien conversamos muchísimo durante el debate del matrimonio igualitario antes de que ella decidiera votar a favor (conversaciones que cuento en mi libro “Matrimonio igualitario”, a cuya presentación vino Paula y se llevó un ejemplar autografiado). Nunca partí del prejuicio de que, por ser del Pro, sería homofóbica, por ejemplo. Y siempre hablé con ella con respeto y sin ningún “pero” previo. De lo mismo pueden dar fe muchos otros legisladores con los que me tocó conversar, como representante de una organización de la sociedad civil. Y a los que después reconocí o critiqué, con independencia de la camiseta partidaria. Tampoco me gusta partir del prejuicio cuando escribo, más allá de mis propias posiciones políticas, que las tengo y mis lectores las conocen, porque las hago públicas.

En este caso, escribí a partir de hechos, no de prejuicios sobre tu persona. Lo concreto es que el 0800 existe y fue creado por el Ministerio que está a tu cargo como respuesta a una serie de notas periodísticas. Entiendo, por lo tanto, que fue una decisión tuya. Y todo lo que digo en la nota parte de esa decisión, que me pareció nefasta.

Más allá del tono irónico y en parte humorístico de lo que escribí, creo que el tema es serio. Y te propongo que lo analicemos. ¿Cuál fue el objetivo del 0800? Te digo lo que pienso yo: el objetivo fue buscar un título en las ediciones electrónicas de los diarios de hoy y las impresas de los diarios de mañana. Y, por lo que ya puede verse en internet, lo consiguieron. Mirá el titular que está ahora online en La Nación: “Activa la Ciudad un 0800 para denunciar “intromisión política” de La Cámpora en escuelas”. De ninguna manera pienso que el 0800 haya sido creado para lo mismo que los militares repartían aquel bizarro cuadernillo, ni tampoco que persigas los mismos fines que perseguía el senador Mc Carthy en su cruzada anticomunista, ni digo eso en la nota. Sí creo que, con esa lógica marketinera que me parece que caracteriza a la gestión Pro en la Ciudad, intentaste jugar con esos sentidos, convocarlos.

No creo que atrás de ese 0800 haya más que un discurso destinado a los medios, una “movida de prensa”, y por lo tanto lo analizo en función de los sentidos que pone en juego, de los discursos (y de los prejuicios) que busca convocar y aprovechar como parte del marketing político.

Frente a la instalación mediática del cuco de La Cámpora que viene por nuestros hijos para comérselos (porque los comunistas, ya sabemos, comen niños), tu reacción, destinada al diálogo con esos titulares de los medios, fue: nosotros estamos acá para proteger a los niños y no permitir que se los coman los comunistas. Y para eso hemos creado un 0800. “Humo”, como se dice, pero que durará unos días en programas de televisión, comentarios en la radio, etc. Entonces, lo que yo escribí apunta a desnudar eso: qué buscaron comunicar con esa movida de prensa. El discurso al que apelaron puede remontarse sin dudas al cuadernillo de los milicos y a la comisión de Mc Carthy, aunque lo que está por detrás, por suerte, no sea lo mismo. Es eso lo que buscaron activar en la memoria de alguna gente. Me parece muy feo y muy nocivo para la democracia que convoquen esos fantasmas, aunque sea una farsa.

Hace unos días, cuando aparecieron afiches llamando “mercenarios”, “mafiosos” y “coimeros” a distintos colegas periodistas, supongo que confeccionados por alguna usina oficialista en el marco de la guerra con Clarín, dije algo parecido: es como cuando los nazis les pintaban la estrella de David en la puerta de la casa a los judíos. Es un escrache fascista y apela al miedo y la estigmatización. Pero aclaré que, parafraseando a Marx, no era ya la tragedia de entonces, sino la farsa de hoy. Porque no creo que nadie vaya a mandar a esos periodistas a un campo de concentración, obviamente. Es una farsa, como tu 0800, que convoca, como si de espíritus se tratara, a discursos y sentidos que deberíamos desterrar de la política y, sobre todo, de nuestro futuro.

Eso creo.

Y te aconsejo algo, de onda. Cancelá el 0800. Decí que fue un error. A veces, que un político en el gobierno admita un error puede ser una prueba de virtud. Volvamos a hacer política: pensando distinto y dando el debate de las ideas. Los títulos de los diarios de mañana no justifican cualquier cosa.

Un abrazo,

Bruno Bimbi

3 comentarios:

pipo dijo...

dejen el 0800 facho, es cada vez mejor para nosotros los kirchneristas, dejenlos a los pro que sigan pastoreando y mostrando la mierda que son en su esplendor, nosotros ,agradecidos

Anónimo dijo...

Como todos los viejos, siempre hurgando un poco en la memoria.
A partir del 16/09/1955 no sólo tuvo lugar la proscripción durante casi 20 años del partido del "tirano depuesto", sino también la amputación de la historia argentina en los textos y programas de todos los niveles de la educación. Todo se cortaba abruptamente en 1944. Los impresionantes cambios operados en Argentina a partir del advenimiento del primer peronismo y a lo largo de casi una década se desfiguraron ó directamente se ocultaron.
Volvía a tomar la posta el pensamiento occidental y cristiano tradicional, las eternas "reservas morales" de la patria. De forma absolutamente antidemocrática y realmente dictatorial, con prohibiciones, espionaje y fusilamientos. Era la "revolución libertadora".
Es muy peligroso para estos ideólogos de la muerte que los pibes, los jóvenes en general tuvieran ideas políticas. Era totalmente desaconsejable y subversivo QUE PIENSEN, que conozcan sus derechos, que puedan comparar, argumentar, objetar, reclamar y exigir lo que corresponda.

Qué triste y cobarde es instar al buchoneo, a hacer listas, a denunciar jóvenes ante la policía, sólo para proteger los intereses de siempre, como los que originaron el apagón por el que hoy don Blaquier se ha hecho tan popular.

Es cierto, cada día que pasa, el amarillo Buenos Aires está más lindo.

Faltan 110 días para el 7 de diciembre.

Saludos
Tilo, 71 años

UPCN dijo...

Muy buen post!