lunes, 8 de agosto de 2011

Después de la primera fecha

del Apertura 2011 y visto los pobres resultados; lo poco que se ¿jugó? al fútbol; resulta necesario recordar a viejas glorias del "fulboquenosgusta":


El partero boliviano que lo trajo al mundo, no reparo que ese bebe tenía una cadera más alta que la otra. Ese defecto, en cualquier mortal no hubiera producido nada, sin embargo, le valió a nuestro personaje, hacerse de una pierna izquierda diferente.
Partidos unipersonales interminables jugados entre rosales y canteros, fueron el comienzo de una carrera llena de satisfacciones. Sólo personales, es decir, para él mismo.
Mencionar a sus maestros, sorprenderá a la audiencia: jugó en el equipo de José, pero su primer entrenador fue Don Osvaldo. Este último, entre ganchos y pinches, le hizo pulir esa pierna izquierda diferente en incontables shoteadas al arco.
El arco que da la espalda a la Casa Roja, el de Cerrito y Palacios fue testigo, quizás, del mejor gol de tiro libre de toda su carrera, aunque esa no fue su especialidad.
Medias bajas, velóz, irascible y camorrero son algunas de sus características.
Con la tricolor a bastones del Güemes, hizo su debut en cancha de once.
De ahí al fichaje, un paso, así que esa tarde noche que Gamba lo hizo entrar al segundo tiempo en la cancha auxiliar de la calle Avellaneda, quedo definitivamente inscripto en el Ferro de la década del ochenta. Novena y octava división. Dos temporadas, cero gol. El compromiso con el futuro, trocó el balompié por la regla T.
Sin embargo, eludiendo la responsabilidad profesional, se dio el gusto igual.
La mejor temporada futbolística de nuestro “azulejo” de hoy, se dio en aquel Olimpia que contó entre otros con Dastugue, Espinoza, Cardillo y Gargano.
En su mejor momento, tuvo la rara cualidad de jugar para tres equipos a la vez: Olimpia, el Paioense y el representativo industrial de Villa Lugano.
Fue justamente con éste equipo, cuando en plena guerra de Malvinas, en los estertores de la noche negra que tiño el país, vistiendo el rojo y azul del ENETien de Lugano, sintió en carne propia la dureza y torpeza de los defensores Liceístas en el campo de juego de la pequeña cancha de 101 y 96, en Villa Ballester, jóvenes toscos y bien alimentados, pero inhábiles y estructurados. 
En la Liga Universitaria de Buenos Aires obtuvo su mejor triunfo: fue subcampeón con el ENETien en 1982, jugando apenas unos 15 minutos en 10 partidos en los que figuro en la plantilla, todo un record.
El recordado campeonato de 1983 jugado en el predio Boscoíno de Arriola y Varela, es aún comentado por viejos parroquianos que se acodan en el bufet del Club.
Nuestro Azulejo enfrento y sufrió la habilidad de Joaquín Martinez, aquel tercer numero 10 de River de los setenta, detrás de Alonso y Sabella; sufrió revolcones inesperados ante la potencia arrasadora de Armando Husillos, vecino de Morón, que debutará en el primer equipo de Boca Juniors en  1977. Pocos recuerdan hoy que fue Husillos quien llevo a primera división al Club Almagro de Villa Raffo, ejerciendo su dirección técnica.
El Gorrión López, campeón con River en 1975, lo marco en un partido en el que tuvo la oportunidad de pasarlo una sola vez en noventa minutos y sólo porque el Gorrión se resbalo. Osvaldo “Patota” Potente, le estrechó la mano y lo felicito, después de disputar el último encuentro de ese campeonato.

A pesar de los consejos de profesionales serios como Claudio Marangoni, Quique Wolf  y el Panadero Díaz, cayó.

La caída: la noche, la farra, el alcohol, hicieron estragos en su cuerpo.

Esa zurda y las caderas desniveladas que supieron darle un plus diferente, convirtiéndolo en un émulo del “Negro” Ortíz y hasta podríamos decir del propio “Piqui” Ferrero, aquel recordado puntero del Boca de 1970, terminaron por convertirlo en un aguerrido marcador de punta izquierdo.
Desaparecido de las canchas, del verde césped, trató y trata aún de despuntar el vicio jugando baby fútbol en “la Bombonera”, una de las cinco canchas del complejo futbolístico La Casona, frente a las vías del Sarmiento. 
El mejor recuerdo de éste "Azulejo" -ni siquiera llega a baldosero- de la Primera División, es la camiseta Nº 11 que uso el “Mono” Perotti y que éste le obsequió después de un partido contra Colón jugando para aquel recordado equipo de 1980 del club de sus amores.

Acá lo vemos con sus mejores recuerdos:
La tricolor del Güemes, la verde amarilla del Olimpia, la casaca Adidas regalada por Hugo Perotti, y sobre sus piernas, su primera camiseta de pique, que aún conserva.

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