viernes, 19 de noviembre de 2010

Miremos bien. Ya es tiempo

Se han vivido horas de profunda conmoción. Todos, de una u otra manera, sufrimos una modificación a partir de la sorpresiva muerte de quien tal vez sea la figura más importante del país de los últimos años, Néstor Kirchner.
Mucho se ha dicho e interpretado sobre los alcances de su ausencia. Su vida, la de los últimos tiempos, actualizó una división que existe desde hace mucho en la Argentina. Hay quienes están a favor de este modelo y hay quienes no. Los cambios a partir de su ideología y gestión han sido profundos. Marcaron al país para siempre.
Sin embargo hay una franja de la población que se pudo visualizar, sobre todo en la Plaza de Mayo, pero que se extiende a lo largo del país, que cambió su óptica sobre el ex presidente y, seguidamente, sobre el modelo político y social que él puso en marcha y hoy continúa Cristina Fernández. Hubo y hay muchos que declararon y declaran que estaban equivocados, que se dejaron guiar por mensajes que descubrieron falsos y maliciosos, sobre todo provenientes de la dirigencia mediática y política (tan fusionados que acaso sean lo mismo, tan esclavos de sus nimiedades que ya están haciendo y diciendo disparates,  sin argumentos, disparando dardos de odio y resentimiento).
Dichas personas, sumadas a las que ya eran aliados, sufrieron su fallecimiento como el de alguien cercano, entrañable. Las expresiones de dolor y apoyo a la presidenta fueron del mismo tono en casi todos los casos. Irrumpió, como hecho significativo, la juventud, poniéndose al frente del ritual, y con su consabido desparpajo coloreó el oscuro acto del velatorio. La esperanza tomó la iniciativa y pudo más que el dolor.
Esta juventud –a la que afanosamente pretenden que temamos- que no vivió los años de la dictadura y mucho menos los de Juan Perón, que apenas conoce a Alfonsín y el difícil retorno a la democracia, encontró en Néstor Kirchner al político que, pudiendo hacerlo desde las alturas del poder, no los miró con soberbia sino a los ojos y desde el llano.
Se han vivido y siguen viviéndose horas de profunda conmoción. Todos, de una manera u otra, tuvimos que ubicarnos en un lugar. Cerca o lejos: o cada vez más cerca o cada vez más lejos… La situación, hoy por hoy, vienen siendo de este modo, no cabe ya la indiferencia. Hay, como decía más arriba, una franja de la población que siente que ha sido engañada o que no comprendió de entrada de qué  venía la cosa, pero esta muerte le ha abierto los ojos. Y es a partir de esta transferencia de lo más lejano a lo cercano por parte de nuestra sociedad, que se puede inferir que hay otra gente que aún no ha llegado a las mismas conclusiones, pero que ya ha empezado a intuirlas.
Se ha muerto un líder que parecía indispensable y sin embargo ha aflorado en gran parte de nuestra comunidad, con más fuerza que nunca, la idea de un futuro posible y grande para nuestra patria, y este sentimiento tan noble proviene de lo más profundo, de lo mejor que tenemos para ofrecer. Una serie interminable de corazones enlazados, una forma de llenar de una vez,  todos juntos, tanto vacío. Las palabras y los sentimientos que inundaron esos días tan particulares de fines de octubre surgieron de un pueblo que quiere vivir en paz y libertad. Las fronteras de lo posible se han corrido y continuamos empujándolas, como dijera Sabatella. No nos dejemos engañar, no hay segundas ni terceras intenciones. La patria somos todos, como decía Borges, y en eso estamos.
La vida de las sociedades, como la de los hombres, transitan a veces por etapas de chatura y frialdad, y otras veces por etapas de pasión y grandeza: ésta es una de ellas. No hay manera de lograr las más altas aspiraciones de la humanidad sin pasión, sin amor por la justicia, sin solidaridad. No hay manera de brindar felicidad a todos sin que sufran los miserables, sin que se subleven enroscados como víboras. Éstos viven de las penurias del resto, no conocen otra cosa.  Pertenecen a la sociedad pero les falta vocación comunitaria, democrática.
Miremos bien. Estamos mejor, objetivamente. Y no hace falta, para adherir, llamar “compañero” a nadie ni cantar marcha alguna. Basta con darnos cuenta de por donde va el crecimiento genuino, el que provoca bienestar y tranquilidad, el que nos permite proyectar sin temores,  y por donde viene la contraofensiva hipócrita y egoísta, esa que defiende sólo los propios intereses.  Se ha restaurado el contrato moral entre los ciudadanos. Hoy es posible la asociación, la alianza, el marchar juntos. Ya no importa si provenimos de familia radical, socialista, anarquista o conservadora. Si nuestros antepasados fueron gorilas, allá ellos, es un sentimiento menor, precario. Esto ya pasó, está fuera de moda. Como le dijera a Vientosur (N° 49. www.diariovientosur.com)  la Diputada Silvia Vázquez, dirigente del Partido de la Concertación FORJA, de origen Radical: “no importa quién lo haga, lo importante  es que se haga. Por eso adherimos”. Simple, elemental, contundente.
Hagamos un ejercicio de imaginación: pensemos en el país sin la nacionalización de las AFJP, sin la recuperación de los salarios de jubilados, sin la jubilación universal (1.800.000 personas se jubilaron sin tener los aportes necesarios), sin la recuperación de los pequeños agricultores (durante este gobierno y el anterior no se remató ningún campo en Argentina), sin la vuelta al crédito (electrodomésticos,  automóviles, inmuebles), sin generación de empleo (4 millones de argentinos que consiguieron trabajo), sin dólar alto (el 1 a 1 favorece sólo a los exportadores y provoca desocupación), sin la Unión Latinoamericana y con el yugo del ALCA firmado (¿se acuerdan de las relaciones carnales y del FMI retándonos y poniéndonos en penitencia –ajuste más ajuste-?) (El ALCA permitía, entre otras barbaridades, que las empresas de origen norteamericano que se instalaran en Latinoamérica tuvieran inmunidad “diplomática”, es decir, que ante la sospecha de delitos económicos no podrían ser juzgadas acá, sino allá, ¿se entiende? Léalo de nuevo, es importante, porque gracias a esta negación del ex presidente Kirchner (junto con otros líderes de la región) a firmar este acuerdo –esto fue aquí, en Mar del Plata y con la presencia de Bush- se lo tildó de “confrontativo”). Pensemos en elpaís sin la limpieza de la Corte Suprema (la actual es posiblemente la Corte más prestigiosa que podemos concebir), sin la política de Derechos Humanos, sin planes sociales (recuerden a los cartoneros inundando las noches en todo el país, con sus hijos a cuestas), sin el aumento del presupuesto educativo (6% del PBI contra el 1,2%), sin la recuperación del CONICET (fuerte retorno de científicos, los mismos a los que alguna vez mandaron a lavar los platos). Por último, se imaginan quién estaría gobernando si no estuviera Cristina… por favor, no más.
Miren bien. A su alrededor. Ustedes mismos, sus familiares, sus amigos y conocidos, todos están mejor que hace unos años, ¿cierto? ¿Y entonces? Es así de fácil. Por qué si todo lo que nos rodea está mejor, la cosa estaría peor. Es un sinsentido. Lo que vemos en nuestro entorno es lo que realmente pasa, aunque se empeñen en tratar de convencernos de lo contrario. Si lo que escuchan por radio o leen en diarios o ven por televisión los angustia, pues cambien de radio, lean otro diario, miren otro canal. Conviene a ciertos intereses que vivamos con miedo y zozobra. No les demos el gusto. Hay opciones más reales y, hay que decirlo, más talentosas.
Miren bien, miremos bien. Ya es tiempo.

1 comentario:

Pibe Peronista dijo...

Muy buena nota!! Miremos bien y que no nos confunda el "gorilismo cartesiano"

abrazo