martes, 21 de septiembre de 2010

Primera Primavera

Tendría 14 años, hace ya bastante tiempo, corría el año 1978.
No es cosa de andar blandiendo luchas que uno no vivió, pero bueno, mi primera primavera en la calle fue durante el año del mundial, bajo ese proceso nefasto que nublo al país.
Y hoy, treinta y dos años después, mi hija, que hoy tiene 14 años, vive su primera primavera en la calle.
Cuando refiero “primera primavera en la calle” quiero decir el primer festejo con los compañeros de la escuela y/o amigos del barrio, pasando todo el día vagando por distintos lugares.
En la gran urbe, los chicos se reparten entre los bosques de Palermo, el Parque Saavedra y el Parque Roca. En la zona de La Plata, muchos van al Parque Pereyra Iraola.
Los lugares para ir a “parrandear”, están directamente relacionados al tamaño de la ciudad, por ejemplo, en muchas ciudades del interior, o bien se concurre a la plaza principal o al recreo municipal, que más de un municipio suele tener; aquí, por mis pagos, desde hace un tiempo, el Club Huracán de San Justo, abre sus puertas a los chicos para que disfruten de su campito, otros, se reúnen en la Plaza Mitre del centro de Ramos Mejía.
Para no irme tanto de tema, lo que quería contar es que diferencia hay entre mi primera primavera y la de mi hija; pa’rrancar digamos que por aquellos años, para los milicos, debe haber sido el único acontecimiento que permitían se juntara tanta gente. A diferencia de mi hija, que se queda en sus pagos, nosotros arrancábamos para Palermo, al pedo nomás.
Una hora de viaje en el 166, o en la “2dieciseis” como le dicen los más viejo. Al llegar a Pacífico, ya te encontrabas con una guardia de canas que trataban de encarrilarte para que no jodieras el tránsito. Ya en los bosques, estaba toda la montada repartida por todos lados.
En Palermo, ese día, todos sonábamos con “pegar” una minita y poder besarla en el puentecito. Cuanta inocencia!
Puentecito, un INFIERNO, eso era el puentecito, no se podía caminar, si hasta venía la cana para desalojarlo de tanto en tanto por miedo a que pasara algo.
Había otra: dar una vuelta por el lago con un botecito. Imposible! Alguna vez alguien debió pasar la noche en los bosques para registrar a que hora llegaban los hijos de puta que estaban primeros en la cola.
Si definitivamente tenías decido dar una vuelta en bote, te pasabas todo el día en la cola, perdiéndote toda la joda(¿) junto a tus amigos.
Así las cosas, lo único que te quedaba, era tratar de cruzarte con alguna minita que te diera cabida, y así te pasabas todo el día, buscando la minita.
Para las siete de la tarde, estabas harto de caminar, cagado de hambre y hasta tenías frío. Con suerte, te volvías a encontrar con tus amigos y volvías para tu casa, en un bondi repleto de gente que, parecía, tardaba en llegar el doble de lo que tardo en llevarte, por una J.B. Justo empedrada y con plazoleta en el diome.
Después de treinta dos años, los pibes han cambiado algunas cosas. Primero: se quedan en su barrio, eso me parece más piola, es como que tienen más identidad con lo suyo, además, con la traza de la autopista del oeste, en Ciudadela, se abrió un gran campito que amplió la oferta de lugares para juntarse.
Otra, ahora van todos juntos, digo, las chicas y los chicos, así que desde el vamos corren con una ventaja: ya tienen medio camino allanado, no deben andar deambulando buscando “pegar” un “minita” o “pibe”.
Porque, en definitiva, de eso se trata el festejo de la “primera primavera” para los más jovencitos, en plena efervescencia de testosterona, descubrir al otro. Se trata de “flirtear”; se trata de besarse al sol; de abrazarse; de tocarse; de sentirse libres completamente; de creerse maduros y más de lo que son.
Muchos “buitres” andarán a la pesca, muchas se mostraran turgentes y rozagantes y algunos otros, sabrán que su hija esta por allí, como me pasa hoy a mi.
En fin, son las cosas de la vida.

2 comentarios:

Daniel Mancuso dijo...

tiernos y lejanos recuerdos, gracias

Mario Paulela dijo...

Me encantó.