martes, 13 de octubre de 2009

La votación de la Ley de Medios desnudó las patas de la mentira de los multimedios

El post de hoy lo escribe el periodista Pedro Romero de la Agencia NOVA. Lo levanto por la claridad que -me parece- transmite acerca de como operaron los medios, antes de la votación, la intención de algunos senadores y además, porque el periodista no tiene empacho en identificarse politicamente.

La presidenta Cristina Fernández de Kirchner emprendió un viaje a Nueva Delhi (India) y, por ese compromiso, el Gobierno parió entre gallos y medianoche el Boletín Oficial en el que el Poder Ejecutivo promulgó la nueva ley de Servicios Audiovisuales. Sin respiro y a pocas horas de la maratónica sesión que aprobó la norma en el Senado, tras una votación que desnudó las mil patas de la mentira de los medios.

Aún no se habían acallado los ecos del debate que duró casi 20 horas cuando el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, anunció en la Casa Rosada la promulgación, mientras que los periodistas que no tienen relación laboral con algún multimedio aún no lograban salir del asombro que generó la notable diferencia que sacó el oficialismo luego del debate en general y sobre todo en la discusión en particular que venía precedida de una furibunda campaña a favor de la definición “cabeza a cabeza” cuando se discutieran los puntos más polémicos.

Según los diarios, las radios y la TV multimediáticos, el Gobierno había logrado comprar a último momento las voluntades de los senadores María Dora Sánchez (UCR-Corrientes) y Carlos Salazar (Fuerza Republicana-Tucumán), que iban a inclinar la balanza para el lado del oficialismo, pero resultó ser que, a la hora de la votación del artículo más controvertido, el 161, conocido como la "cláusula de desinversión” e instalado en los medios como una definición que iba a contarse voto por voto, el Frente para la Victoria y aliados sumó 38 votos contra 28 de la oposición.

¿Cómo? ¿No era que un oficialismo desesperado había tenido que apelar a la compra de las voluntades de los legisladores Sánchez y Salazar para arañar un resultado a favor más que ajustado? Hubo 10 y no dos votos de diferencia, de manera que a los medios se les escaparon ocho voluntades más a favor del proyecto del Ejecutivo.

El otro artículo que se sabía de antemano iba a generar resistencia, el 32, que dispone que el Poder Ejecutivo tiene la facultad de adjudicar las licencias para las ciudades de más de 500 mil habitantes, terminó con 39 votos a favor y 29 en contra.

La mentira y la falta de ética, idoneidad y responsabilidad a la hora de informar se hizo más que evidente: Han estado vendiendo una sensación de la realidad que se estampó con la rigurosidad y contundencia de los números a la hora de contar resultado por resultado aún en las votaciones en particular.

En la compulsa general, el proyecto del Gobierno reunió 44 votos y la oposición, 24, y al final no se incorporaron modificaciones. Y en las diferentes votaciones en particular -separadas por paquetes de artículos- salvo para los dos casos citados (artículos 161 y 32), el resultado fue similar al que arrojó la votación en general: 44 a 24, aunque hubo algunos artículos en los que se superó esos 44 votos a favor.

De las distintas estrategias que expusieron los bloques opositores, sobrevoló por los pasillos de la Cámara Alta la sensación de que, finalmente, la Unión Cívica Radical cometió un grueso error cuando el bloque de diputados nacionales de esa fuerza se retiró del recinto a la hora de votar. Sobre todo si se considera que era sabido que cualquier presión y esfuerzo para modificar el articulado debieron agotarse en la Cámara Baja, habida cuenta de que el oficialismo iba a hacer lo que hizo en las últimas horas en el Senado: aprobar la norma sin modificaciones.

Esa actitud fue la que reprobaron distintos legisladores desde dentro de la estructura partidaria y profesionales y técnicos como Enoch Aguiar, ex secretario de Comunicaciones, quién califico de “grave error” la actitud de la bancada radical porque debió prevalecer la estrategia de pugnar para que, al final del debate en el Congreso, pudiera consagrarse la mejor ley de medios posible.

Dos semanas atrás recordamos la actitud que supo adoptar el ex presidente Raúl Alfonsín cuando, a sabiendas de que Carlos Saúl Menem en 1994 iba a reformar la Constitución Nacional a su antojo, bajó al llano, se avino a negociar -en términos políticos, claro- y, con esa estrategia, la UCR logró imponer numerosos artículos en la Carta Magna, como el que refiere al Consejo de la Magistratura y al tercer senador por la minoría, entre tantas propuestas que insertó el centenario partido en la nueva Constitución Nacional.

Pero la UCR se debate entre atender el frente de la contienda política en el Congreso y las pujas internas para definir las candidaturas para la sucesión en el Comité Nacional y los comicios presidenciales del 2011. Gerardo Morales y el cordobés Mario Negri, desairado en su distrito por oponerse a dar la batalla en las urnas el pasado 28 de junio con la histórica Lista 3, eligieron el peor momento para presentar un espacio que les permita impedir que Julio Cobos se adueñe de la UCR.

El jujeño Morales estaba con un ojo en la pelea por la nueva ley de medios y otro puesto en Rosario, donde acaba de presentarse el grupo radical de la "resistencia", denominados así porque, según dicen Ernesto Sanz, Roberto Iglesias, Ricardo Gil Lavedra, Ricardo Alfonsín, Angel Rozas y el gobernador electo de Corrientes, Ricardo Colombi, no cedieron a la tentación de un acuerdo con el kirchnerismo a partir de 2006.

En el Senado, a Morales y el resto de la oposición los aplastó un tren y un vendaval de votos de kirchneristas y aliados que debiera provocar la reflexión del titular del Comité Nacional: No se puede estar en la misa y la procesión al mismo tiempo.

Retomando las líneas de la nueva ley de medios, todos sabían qué iba a suceder en la Cámara Alta. El periodismo también. En Agencia NOVA titulamos el Panorama Político Nacional I, del domingo 20 de septiembre, con “Clarín da por perdida la pelea por la ley de medios y el Gobierno va por la reforma política”; también impulsará una nueva ley de entidades financieras, pero antes va a ir a fondo para adaptar la estructura y funcionamiento de Papel Prensa a la nueva realidad política que exige la flamante ley de medios.

Cuando referimos a las patas de la mentira, debe conjugársela como una mezcla de mentiras y gruesos errores de estrategia cuando Héctor Magnetto, el CEO del Grupo Clarín, decidió, a partir de la puja Gobierno-campo, iniciar la pelea a fondo con los K.

El empresario y mano derecha de Ernestina Herrera de Noble y sus espadas en los medios -encabezados por Eduardo Van Der Kooy, Julio Blanck, Marcelo Bonelli y Joaquín Morales Solá-, vendieron un buzón a la opinión pública cuando dieron por derrotado y en retirada a Néstor Kirchner tras el fracaso de la resolución 125 de retenciones móviles al campo y la derrota (empate técnico) en la provincia de Buenos Aires en las elecciones legislativas del pasado 28 de junio.

Gravísimo error de cálculo. Primero, porque no contemplaron que, para derrotar definitivamente a la actual gestión, debían dar un golpe de knock out en territorio bonaerense, es decir ganar por 10 puntos. Entonces, se durmieron en el juego de elucubrar y elegir sucesores para la etapa del post kirchnerismo y, en tres meses, se quedaron casi sin nada en las manos. Y decimos casi sin nada porque aún conservan espacio de poder en Papel Prensa, tal vez por un mes más.

Las acciones del Grupo en la Bolsa de Valores cayeron de forma estrepitosa de 34 a cuatro puntos, después de haberlo tenido todo: el fútbol, el cable, la ley de la dictadura bajo control, 264 licencias de medios gráficos y audiovisuales después de siete gobiernos y ¿Papel Prensa?

A los periodistas radicales que estábamos de acuerdo con la nueva ley de medios audiovisuales y participamos en diversos foros desde el año 2004, siempre nos viene al recuerdo la ejecución mediática a la que Clarín -y ADEPA- expuso a Ricardo Laferrierre por haber tenido la osadía de presentar en 1984 un proyecto de derecho a réplica en la Cámara Alta. Los multimedios decidieron que el ex senador entrerriano nunca más pisara la arena política. Lo borraron.

Y asoma la imagen del entrañable César “Chacho” Jaroslavsky, quien nunca se cansó de sentenciar por aquellos años de la Primavera Democrática que “Clarín ataca como partido opositor y se defiende con la libertad de prensa”, en tiempos en los que a Raúl Alfonsín el multimedio de la Noble “lo hizo parir” y adelantar la entrega de la banda presidencial a Carlos Menem, porque su gobierno (radical) se negó a habilitar modificaciones al artículo 45 de la ley de la dictadura que le permitiera al gran diario argentino comprar Canal 13 y Radio Mitre.

Por eso, como reflexión final, sentimos de forma absolutamente desinteresada e independiente que la Argentina sepultó definitivamente una ley de radiodifusión firmada por Jorge Rafael Videla, Albano Harguindeguy y José Alfredo Martínez de Hoz.

Tal vez abriguemos la misma sensación que embargó a los periodistas del diario Crítica, quienes la semana pasada se manifestaron a favor de la Ley de Medios, y, en líneas generales, coincidimos con el argumento que expusieron dos periodistas que jamás podrían ser sospechados de estar comprados por el Gobierno, Víctor Hugo Morales y Jorge Lanata, quienes advertían que los gobiernos cambian, pero no se pueden cambiar los poderes que desconocemos y están por encima de los gobiernos y partidos políticos.

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