jueves, 16 de julio de 2009

Luppi y peronismo básico

Esta tarde en la Metro, Matias Martin y equipo mantuvo esta charla con Federico Luppi, IM-PER-DI-BLE, chapau para Federico.






Hoy recibí el correo de Revista Zoom y me pareció oportuno volcar aquí parte del análisis que hace Jorge Devincenzi, se llama:

Hablemos entonces de peronismo básico.

El 60% del electorado dio su apoyo a candidatos que se presentan como peronistas pero enfrentados en dos ideas antagónicas de país, con el agregado de que muchos de los involucrados han circulado entre una y otra.

El peronismo no puede ser a la vez algo y su contrario, lo que marca el carácter de la lucha por definir qué es eso, apropiarse de sus significados y también de sus atributos formales. De lo que se concluye (vaya descubrimiento) que PJ y peronismo no son lo mismo.

Este último surgió respondiendo a profundas demandas sociales que se plasmaron en las ideas de justicia social, independencia económica y soberanía política. ¿El actual PJ las sigue representando, o se puede poner al frente de esas demandas? ¿Cuál de todos los PJ existentes?

Sin embargo, el ambiguo, complejo y problemático PJ ha demostrado ser, en situaciones límite, la única fuerza política con poder y organización como para gobernar. Pero la seguridad que otorga tal certeza demostrada en hechos, no se extiende instantáneamente a su capacidad para producir los cambios que el pueblo necesita en términos de justicia, libertad y soberanía. Ha devenido en una maquinaria conservadora de extensión territorial, una confederación inestable de príncipes-gobernadores y segundones asociada por necesidades de administración con otros núcleos duros de poder territorial, y con eso le alcanza para sostener capacidad de negociación. Pero no lo convierte en sujeto de cambio, ni se sabe cómo convertirlo en tal cosa, porque con esa lógica como techo, su doctrina es el pragmatismo y la conservación del espacio, sea cual fuera el modelo de país y quien gobierne. No es poco, porque el diseño constitucional de 1994 les agregó a los gobernadores el manejo de sus recursos naturales y amplio poder de decisión en políticas públicas.

Cómo se ha llegado a tal cosa ya ha sido analizado desde distintas perspectivas, y seguirá generando millones de caracteres en el futuro, pero en todo caso baste señalar que:

a) el peronismo es una huella profunda en la sociedad en términos de democracia con justicia social y reparación nacional, y el PJ es propietario de los atributos formales que remiten a esa huella;

b) darle un rumbo determinado no es una cuestión de voluntad individual por la gran capacidad de cooptación que tiene el aparato extendido sobre la administración estatal;

c) todo análisis no puede prescindir de dos aspectos: contener lo que sucedió en los ‘90, por su vigencia en el presente, y definir (pavada) la cuestión de la conducción.

Si hubiera una imparable dinámica transformadora, el tema del PJ se convertiría en secundario y quedaría atrás, como el lado cadavérico de aquello que se está haciendo por otra vía, en orden a lo que debería ser.

De ello puede inferirse que como no existe tal dinámica, o al menos que por sus contradicciones ella no es imparable, el PJ ni es secundario ni es aún ese lado cadavérico. Estamos, pues, en la ambigüedad de un entretiempo.

En el kirchnerismo, y sólo como punto de partida, quizás sea pertinente rever la idea de hegemonía en relación con las identidades políticas, como así también cuáles son las lógicas de acumulación y construcción política capaces de torcer el curso inercial de la realidad.

Con otro resultado electoral, si los K hubieran explicado bien y la sociedad hubiera entendido, el tema PJ no estaría en discusión, y quizás por eso tal descubrimiento tardío escondería un punto de fuga de lo que se quiere ocultar: fracaso o reticencia en construir y ocuparse de la organización popular.

En su discurso desde Tucumán, Cristina adelantó lo que pretende: ley de lemas e internas abiertas para todo el mundo y al mismo tiempo. Es necesario que algo así suceda. Ramón Puerta ha declarado que pedirá la expulsión de Kirchner y Scioli del PJ por “traición”. Si los imputados hicieran lo propio con Puerta, Romero y otros horribles, unos y otros se expulsarían dejando al PJ vacante ¿pero acaso esa vacancia lo convertiría en algo distinto de lo que es?

El aceite y el vinagre

Siendo así, se plantean algunas cuestiones de difícil resolución. Hablando de identidades, y como el kirchnerismo es casi todo gestión estatal, es difícil o acaso imposible construirle una doctrina (como la tuvo el peronismo), un Deber Ser que contenga los diversos claroscuros de esa gestión, donde lucen desde las omnipresentes Razones de Estado (ley de glaciares) hasta aquellas cuestiones que los K no explican como se debiera, por caso, la política petrolera, pasando por una política social coherente con la herencia que se dice representar.

Por lo cual, las organizaciones que apoyan al gobierno se ven en la paradoja de aplaudir los logros y hacer malabarismos con todos los aspectos negativos, con el agregado de que tal cosa no entusiasma a nadie porque no se puede hacer una épica de ninguna realpolitik.

Las vueltas de la vida nos encuentran con una acumulación de poder estancada, sin organización propia, con un PJ cristalizado (excepto alguna excepción marginal), y sin movimientos sociales dispuestos a defender el modelo. Respecto de los que se fueron, no es tan grave que el gobierno haya buscado cooptarlos para sacarlos del reclamo callejero como que esos, durante su paso por el Estado, pasaron sin pena ni gloria porque, tomándolo como botín bien ganado, priorizaron su propia supervivencia orgánica. Con lo cual su retorno debe darse en términos distintos a los originales, lo que significa que ambos actores deben cambiar su punto de vista. Y eso no es fácil.

Los dos caminos que parecen abrirse son:

a) una agrupación de centroizquierda, por llamarla de algún modo, que retome las ideas de la transversalidad por fuera del PJ, aunque –hay que reconocerlo– es muy poco para empezar porque no se está empezando. Esta opción tendría una a favor (no estar limitado por el cerrojo de los ducados del PJ) y otra en contra (fuera del PJ todo parece ingobernable). Además, no es algo que se saque de la galera ni se haga de la noche a la mañana.

b) esa misma centroizquierda que intente amasar las distintas tradiciones nacionales, populares, peronistas y progresista, pero como línea interna del PJ.

Habrá que ver si todos esos kirchneristas, peronistas o no, insertos en el difuso campo transversal, se avienen a ser afiliados del PJ, con lo cual por aquí puede abrirse otra herida narcisista. Esta vía guarda cierta similitud con lo que fue el cafierismo enfrentado a Menem.

Si los K hubieran decidido esta alternativa, no está claro si Lole sería oponente interno o candidato transaccional, ni cuál sería el papel de Scioli, ni si así se termina plasmando un bipartidismo centrista desprendido de las Causas Nacionales sin las cuales caeremos una y otra vez en parecidos abismos.

El resto de la nota puede leerse acá

2 comentarios:

sin dioses dijo...

Grande Federico!!

Anónimo dijo...

Que bueno que solo se corto la lengua en la ficcion !!! No se la podriamos pedir prestada un ratito para cortarsela de verdad a una lista(bastante extensa lamentablemente)de personajes, aunque corramos el riesgo de quedarnos sin almuerzos,a dos voces, tres poderes,desde el llano,palabras mas, palabras menos o el juego limpio(va.. nos quedariamos sin Todo Negativo)y seria lamentable "que no se escuchen criticas constructivas"
Seguir profundizando lo hecho es lo mas positivo asi revientan los mercenarios de Clarinete.
AGUSTIN